Luis González Reyes: después del coronavirus, hacia la nueva normalidad del Decrecimiento








El miembro de Ecologistas en Acción y doctor en ciencias químicas Luis González Reyes ha realizado importantes aportaciones para difundir los problemas ambientales. Es uno de los autores del libro “En la Espiral de la Energía”, donde se hace un repaso a la historia de la humanidad desde el punto de vista de la energía, y se dan las claves de lo que puede ser una sociedad justa, democrática y sostenible. Por estas razones quisimos que diera una charla en Iruñea en este mes de mayo, algo que ya no va a poder ser. Sin embargo, traemos a la web un resumen de los últimos trabajos de Luis, que creemos de mucho interés.

Luis también ha participado en un reciente informe publicado por Ecologistas en Acción y titulado “Escenarios de trabajo en la transición ecosocial 2020-2030”. El informe trata de analizar todo lo que tiene que ver con el empleo y el trabajo desde el punto de vista de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero y el consumo de energía, para intentar conocer cual puede ser su futuro. El informe realiza una modelización de escenarios que permite explorar los tipos de transformaciones que seproducirán en el empleo para la necesaria y urgente reducción de emisiones. Luis también ha escrito el informe “Colapso del capitalismo global y transiciones hacia sociedades ecomunitarias” editado por la fundación Manu Robles-Arangiz, donde hace una larga introducción a las problemáticas energéticas y ambientales, para acabar resumiendo los escenarios del informe anterior. Ambos documentos son de libre descarga desde los dos enlaces indicados.

Así mismo, y siguiendo la estela de los dos trabajos citados, recientemente Luis ha escrito varios artículos de opinión sobre la pandemia de coronavirus, el parón que ha producido en la economía, y las implicaciones y paralelismos que tiene para ese futuro del empleo. En este sentido se puede destacar, por ejemplo, el artículo “La época de los triajes”. Y también se ha dedicado a dar varías charlas on-line sobre estos temas, como por ejemplo la realizada para el Observatorio de la Deuda en la Globalización, y que también puedes ver aquí:

A continuación tienes un texto que intenta resumir todo lo indicado en los enlaces anteriores, y en los que se irán intercalando en los siguientes párrafos. Es una reflexión de Sustrai Erakuntza que comparte lo investigado por Luis y el resto de autores de los trabajos anteriores.

Detrás de la pandemia del coronavirus parece estar la pérdida de biodiversidad en diferentes zonas del mundo. Ecosistemas enteros desaparecen para hacer sitio a los cultivos y las empresas que necesita el sistema capitalista. La falta de diversidad vegetal y animal hace que las enfermedades que afectan a la fauna salvaje salten más fácilmente a otros animales y de ahí a la especie preponderante en el planeta, la humanidad. A ello contribuye también el aumento en el tamaño de las explotaciones ganaderas, la gran densidad ganadera en esas explotaciones y el manejo industrial de su sanidad, plagada de antibióticos y otros productos químicos.

Además, esta facilidad para el paso de enfermedades a los humanos se ha visto aumentado con otra característica de nuestra civilización, la hipermovilidad. La Globalización ha permitido que la enfermedad haya alcanzado todo el planeta en muy pocas semanas, gracias a la potencia de los combustibles fósiles que mueven el transporte de personas y mercancías a largas distancias en aviones y barcos. Hemos creado una sociedad tan interconectada y tan interdependiente que cualquier pequeño problema en cualquiera de sus puntos se transmite a los demás y se amplifica rápidamente.

Todo esto son síntomas de la serie de crisis encadenadas que está viviendo en estos días la humanidad. Son reflejo de un sistema que ha ido aumentando el grado de explotación de la naturaleza y de las personas. Un sistema capitalista basado en la extracción sin freno de recursos naturales, que necesita el crecimiento perpetuo (algo imposible en un planeta finito) y que está llegando a los limites tanto de los recursos que se pueden extraer, como de los sumideros de los residuos generados.

Así, por un lado nos enfrentamos al agotamiento de los combustibles fósiles, que constituyen del orden de un 80% de la energía que consumimos actualmente. Estamos llegando a un momento en el que difícilmente se podrá aumentar su extracción, algo requerido para mantener el “crecimiento” de este sistema capitalista.

Además, el desarrollo de las energías renovables no está siendo el esperado, debido en gran medida a los limites que estas sufren. Son instalaciones que captan parte de los flujos energéticos de la naturaleza, energía que tiene que consumirse prácticamente en el momento que se capta, es difícil su almacenamiento. Es energía producida mayormente en forma de electricidad, que actualmente constituye aproximadamente el 20% de la energía que consumimos. Y almacenar electricidad es poco rentable y dificultoso: el principal sistema serían las baterías, pero hay otros sistemas usando aire comprimido, hidrógeno… Tanto unos como otros sufren diferentes problemas, y además entregan menos energía que la que se gastado para cargarlos. Finalmente, hay que mencionar también que las energías renovables no se producen de manera continua, son estacionales, lo que aumenta aun más la necesidad de almacenamiento.

El problema del agotamiento de recursos no acaba con la energía, también se van agotando otras muchas materias primas y minerales: el fósforo necesario para fertilizantes químicos, el cobre necesario para la transmisión de electricidad, todos los metales agrupados bajo la denominación de tierras raras, de gran uso en la informática y en las nuevas energías renovables…

Y a ello hay que añadir el agotamiento que también sufren los depósitos donde almacenamos los productos de desecho que generamos en el consumo de todo lo anterior. El mayor ejemplo es el Cambio Climático, producido por el aumento del CO2 y otros gases de efecto invernadero que emitimos a la atmósfera como elementos de desecho de la combustión de combustibles fósiles, y en otros procesos generados por nuestro consumismo. Pero hay mas, son todo tipo de vertederos de residuos urbanos o industriales, son las incineradoras que queman esos residuos produciendo compuestos cancerígenos y otros contaminantes del aire, o residuos sólidos como cenizas y escorias que necesitan vertederos de residuos peligrosos…

Todas estas problemáticas a las que nos enfrentamos tienen un origen común, la depredación que hacemos de la naturaleza y de las personas. Y la única solución pasa por cambiar de sistema. Las soluciones tecnológicas no son capaces de hacer frente a todo esto, debido a los limites que impone la física. Las leyes de la termodinámica indican que no se puede “sacar de donde no hay”: la energía solo puede transformarse, y siempre lo hace en dirección a su menor disponibilidad, siempre hay perdidas; y las materias primas no pueden volver a reutilizarse en las mismas condiciones si no es con un consumo importante de energía para su reciclaje.

De este modo, tan solo las soluciones basadas en cambios sociales serán realmente efectivas. Soluciones que tiendan a disminuir el consumo total de materias primas y energía, y que intenten cerrar sus ciclos de aprovechamiento. Y esta disminución del consumo y simplificación del sistema social se va a producir “si o si”. Es inevitable, debido al agotamiento progresivo de los recursos que hemos comentado.

En esta situación se podría decir que hay dos escenarios de futuro, que podemos expresar de manera simplificada así: que la disminución de consumo afecte a todos y todas por igual, o que solo afecte a una parte de la población. Sería esta última una vuelta de tuerca en la expropiación social, proceso que solo beneficiaría, una vez más, a las clases privilegiadas de los países enriquecidos, y conduciría a regímenes de tipo dictatorial, pero supuestamente amparados en los límites planetarios. El Ecofascismo.

Sin embargo, creemos que es posible conseguir que el proceso de disminución del consumo sea justo para toda la sociedad. Que se pueda conseguir un modo de vida adecuado para la humanidad y para el planeta, tanto en nuestros países enriquecidos, como en los empobrecidos. Llamamos a esta otra posibilidad Decrecimiento. Y creemos que tenemos que poner todos los empeños posibles para que esta sea la senda que recorra la humanidad.

Nuestro mundo se encamina hacia un estado en el que la menor disponibilidad energética disminuirá el comercio global y el turismo, lo que obligará a relocalizar las actividades productivas. La producción se ira paulatinamente simplificando, utilizando menos energía, y también menos medios tecnológicos. Así mismo, gran parte del trabajo se tendrá que basar en los recursos locales, y dirigirse al sector primario (agricultura, ganadería, silvicultura, pesca…) para cumplir con las necesidades esenciales de la población. Y también serán imprescindibles trabajos de mantenimiento básico de la infraestructura de energía renovables, rehabilitación de edificios, gestión de residuos, pequeña industria local y restauración ecológica.

Todos estos procesos obligarán a un cambio radical en el tejido productivo, y a una nueva estructura, que solo será positiva para la clase trabajadora si conseguimos que el Decrecimiento sea planificado, distribuido y justo. Que la ley de obtención del máximo beneficio por parte de una minoría sea reducida a su máxima expresión. Que el trabajo sea repartido entre toda la población, independientemente de género y de clases sociales, tanto los trabajos productivos como los reproductivos, la producción de bienes de consumo o el cuidado de la infancia y la 3º edad.

Por ello, es necesario que empecemos ya a visualizar las posibilidades de este mundo nuevo que nos viene encima, que difundamos sus dificultades y sus posibilidades. Lo bello que puede ser una sociedad más sencilla, más local y con más contacto social. Y también el reto que supone la transformación necesaria de la sociedad hiperconsumista actual a una sociedad más frugal.