Antimobbing

Los casos de amenazas, agresiones y sabotajes contra inquilinxs de viviendas, pequeños locales comerciales y okupaciones fueron bautizados por los medios de comunicación con un término de origen inglés: mobbing. Este abuso de poder lo sufría principalmente gente mayor con escaso o ningún apoyo familiar y sin recursos personales o económicos para defenderse legal, física o psicológicamente. La velocidad de la economía especulativa y de la expansión urbanística ha convertido el mobbing en un método habitual y generalizado en el mercado inmobiliario y una de sus caras mas violentas. Las formas varían según la situación legal de la casa, las necesidades, la posición y las expectativas del propietario, la/el habitante y su capacidad de defenderse y en mucho, del grado de expansión y especulación urbanística de la zona donde esté el inmueble. Los barrios donde el mobbing se ha convertido en algo cotidiano son aquéllos que soportan un proceso de transformación de sus calles y su tejido económico y comercial, de sustitución de su población por otra con mayor poder adquisitivo. Los recursos pueden ser cínicos o sofisticados, apoyados en la “legalidad” o pueden superar con creces la ilegalidad, pero en cualquiera de los casos el propietario suele salir impune con demasiada frecuencia.

Matones y desalojos ilegales.

Los casos de violencia inmobiliaria que están sufriendo las okupaciones son fruto de la aceleración de la economía especulativa que afecta a la ciudad en general, pero también es reflejo de dos cosas: la consolidación del “okupa” como el “intruso” por excelencia en el imaginario colectivo, y el trabajo más o menos organizado de defensa legal y resistencia que suelen hacer las kasas y centros sociales. La experiencia acumulada ha conseguido que los espacios okupados definan estrategias de defensa mejores para durar más tiempo, y para los propietarios es más que una tentación intentar “sacar a los okupas sea como sea”. De esta manera se han multiplicado las formas de violencia. De la habitual represión policial o propietarios individuales con un carácter agresivo, al recurso de los matones que se ha convertido en un método habitual tanto para pequeños inversores, como para grandes tenedores de viviendas o fondos de inversión.

El acoso físico y arquitectónico.

Se trata de la cara mas visible, más mediática y también mas destructiva. En bloques de vecinxs con mayor cohesión social, de inquilinxs particularmente menos dóciles o en las okupaciones, las agresiones directas responden a la necesidad de retirar un obstáculo que por su mayor capacidad de defensa legal o personal, ralentiza las previsiones y los cálculos de las empresas o del plan urbanístico en general. En otros casos es lo contrario. Vecinxs sin capacidad de defenderse, sin recursos económicos ni familiares, a lxs que no les queda más remedio que aguantar hasta el último día en el inmueble antes de ser expulsadxs de su hogar.

Este tipo de acoso, dentro de su aparatosidad y espectacularidad, utiliza básicamente los siguientes métodos:

El abandono, el sabotaje y obras de empeoramiento

Agujerear falsos techos, desestabilizar barandillas, dejar puntales y escombros en los espacios comunes, cambiar la cerradura, colocar contenedores obstaculizando la salida, la rotura de las tuberías o el corte de los suministros de luz y agua… son algunas de las formas de coacción utilizadas.

La instalación de vecinos molestos

Las entidades vecinales han detectado casos de alquiler deliberado a personas con carácter violento o drogodependencias, en edificios donde habitan principalmente personas mayores, con la intención de generar un ambiente intimidatorio.

La contratación de matones

La vía del matonismo generalmente viene precedida de ofertas económicas a los habitantes de la vivienda para que la abandonen. En algunas ocasiones los propietarios recurren a gente que está desprotegida, en una situación económica precaria, para hacer el trabajo sucio de asediar y desalojar ilegalmente. Desde 2016 está proliferando la aparición de organizaciones y “empresas” especializadas en desalojar espacios okupados al margen de la ley, con la complicidad de los cuerpos de (in)seguridad, mossos d’esquadra y guardia urbana.

El mobbing “legal” e institucional

El uso interesado o directamente fraudulento de diferentes aspectos de la “legalidad” e incluso la invención de una “legalidad” a medida de cada caso, es menos visible pero es una práctica tanto o más extendida, que por su invisibilidad y también por los costes mismos que supone para unx inquilinx defenderse a nivel judicial, será aún más efectiva que el acoso físico o arquitectónico. De las diferentes prácticas que señalamos a continuación lo importante no es el fraude o la manipulación respecto a la letra de la ley sino su carácter de recurso para ejercer presión psicológica sobre lxs afectadxs:

  • La declaración de ruina física o económica del edificio.

    La primera es cuando se considera que el edificio está en un estado que lo hace irreformable y supone un peligro para sus habitantes. Y la segunda cuando el precio de la rehabilitación es más de la mitad del valor del edificio. El trabajo de “maquillaje” técnico y económico tanto de arquitectos y técnicos al servicio de las instituciones como de las empresas privadas, está en muchos casos precedido por la política de sistemática descatalogación de edificios de carácter histórico. A esta forma de proceder se añade la situación de lxs vecinxs, la mayoría con contratos realizados después de 1985 que permiten a la propiedad desahuciarlxs avisando con 1 mes de antelación, sin derecho a indemnización ni realojo. En los casos en que los contratos sean posteriores a Marzo de 2019 el plazo de notificación de vencimiento por parte del arrendador se amplía a 4 meses de antelación (art. 10 LAU).

  • Falsos plazos, ofertas económicas a la baja o requerimientos.

    Avisar del plazo para abandonar la vivienda saltándose o alterando los procesos judiciales o administrativos previos, o el envío de cartas o “emisarios” haciendo ofertas de indemnización o compra a la baja, acompañadas de un tono amenazante, son formas empleadas habitualmente desde las empresas institucionales o de capital mixto responsables de los procesos de expropiación.

  • La subida desorbitada del alquiler, la denuncia por impago, por realquiler o “cesión inconsentida”.

    Que el propietario suba de forma espectacular el alquiler, o que no acepte el cobro de la renta con la intención de demandar posteriormente por impago, pretenden establecer por la vía de los hechos una orden extrajudicial de desahucio. En general una denuncia por sí misma es un elemento de presión. En algunos casos, la contratación de investigadores privados para encontrar argumentos judiciales en los que basar una demanda de desahucio es una táctica que pasa directamente a violar la intimidad y la propia libertad de movimientos del inquilinx.

  • El uso interesado de las normativas municipales sobre obras, licencias, etc.

    Estrategia de desgaste que utiliza la administración mediante el acoso burocrático. Por un lado la amenaza de precinto para obstaculizar el funcionamiento de los CSO’s y locales independientes de carácter asociativo, aplicándoles de manera interesada la normativa que corresponde a establecimientos de hostelería o de ocio nocturno, forzándoles a cerrar por los distintos expedientes abiertos desde la inspección municipal, bajo la amenaza de multas desorbitadas. Por otro, la presentación de informes de dudosas inspecciones, sospechosas de no haber sido realizadas, exigiendo a viviendas y CSO’s medidas de seguridad o mejoras estructurales inasumibles. En unas ocasiones la administración denuncia a la propiedad legal del lugar por la dejadez del espacio, bajo advertencia de grandes sanciones económicas, y en otras más, concede licencias al propietario para que intervenga (destruyendo o haciendo obras) sin informar previamente a lxs ocupantes, cerrando los expedientes rápidamente, extraviando documentación y ocultando información. Pretextos para intentar llevar a cabo un desalojo ilegal.

  • Mobbing institucional. Cuando hablamos de mobbing institucional es sobre todo del uso de obras de saneamiento o reforma del espacio público, la planificación urbanística o los mecanismos administrativos como formas de acoso hacia lxs habitantes de los diferentes barrios:

  • La presencia constante de máquinas, de ruidos, de calles abiertas en canal, solares-basurero, vallas y todo tipo de obstáculos, distorsiona la vida y la convivencia en los barrios, de manera que sobre todo para la gente mayor y las personas con la movilidad reducida se hace difícil o imposible desplazarse y las relaciones sociales en la calle. Por otro lado la prolongación infinita de obras, como en los casos de los mercados municipales, suele provocar el abandono progresivo del pequeño comercio que se ve obligado a vender los inmuebles a bajo precio, en zonas donde en pocos años se dispararán los precios del suelo y de las fincas.

  • El punto anterior tiene una relación estrecha con los planes urbanísticos y los procesos de expropiación, que son en el fondo estrategias de acoso y desgaste de lxs vecinxs, ya que se señala una fecha de caducidad sobre la estructura urbanística, los usos y sobre todo, las personas. Decisiones político-administrativas que repercuten directamente en la estabilidad vital y la convivencia dentro del espacio público. Mediante intervenciones como la destrucción de infraestructuras de barrio y la construcción de infraestructuras de ciudad, la transformación del trazado histórico de las calles o las expropiaciones sin alternativas que permitan a lxs vecinxs permanecer en su propio barrio fuerzan la sustitución de la población por otra de mayor poder adquisitivo.

Estrategias de defensa frente al mobbing

En el año 2003 el ayuntamiento de Barcelona, uno de los principales responsables de la violencia inmobiliaria en la ciudad, abrió una oficina contra el mobbing ubicada en el Palau Foronda de la ronda de sant Pau, edificio que acoge hoy la oficina municipal de información al consumidor (OMIC). Cabe recordar que para la extinta oficina antimobbing municipal sólo contaban como acoso los casos de sabotajes o amenazas, pero nunca la subida desorbitada del alquiler o amenazas en documentos oficiales. Actualmente el ayuntamiento dispone de un servicio virtual de asesoramiento sobre el acoso inmobiliario y de las oficinas de vivienda de distrito, supuestos recursos institucionales que en la mayoría de casos ni siquiera son útiles a nivel informativo.

Mayormente los apoyos para defenderse en los casos de mobbing vienen de las distintas redes e infraestructuras de afinidad en los barrios, desde los centros sociales okupados hasto los sindicatos de vivienda, que en ningún caso son espacios de asesoría jurídica y cuentan con escasos medios, pero ofrecen apoyo, información y respuesta colectiva.

Busca, siempre, solidaridad y apoyo en esta situación.

El acoso inmobiliario aparece recogido en el artículo 45.3.c) de la Ley 18/2007 de derecho a la vivienda de Cataluña, y desde Diciembre de 2010 está tipificado en el código penal como delito de coacciones agravadas (art. 172.1 CP) y como delito contra la integridad moral (art. 173.1 CP), en relación con los artículos 10 y 15 de la constitución. La entrada en vigencia de la ley catalana de derecho a la vivienda, en Abril de 2008, permite a los ayuntamientos instruir procedimientos por acoso y discriminación inmobiliaria desde la vía administrativa, ley que se ha aplicado por primera vez en Barcelona en 2019. Mientras, sigue existiendo un vacío legal respecto al asedio inmobiliario institucional que ejercen impunemente municipios y gobiernos. Tanto mediante la ley de arrendamientos urbanos (LAU 29/1994) como bajo la ley de expropiación forzosa, se han originado múltiples casos de especulación urbanística. A la hora de interponer una denuncia por coacciones, amenazas o delito contra la integridad moral (arts. 169-172 y 202 CP) siempre es mejor hacerlo en el juzgado de guardia que en comisaría, finalmente toda denuncia tiene que llegar al juzgado de guardia.

Un escenario posible al okupar es que el propietario aparezca y se ponga nervioso, con lo cual pueden darse situaciones de tensión. ¡Mantengamos nosotrxs la calma! También es posible que envíe “matones” a que desalojen ilegalmente.

  • Si el propietario o su familia pasan por la casa. Si conoces tus derechos, házselo saber claramente. Puedes colocar la Advertencia Legal en la puerta. Si decides hablar con ellos puedes hacerlo desde dentro del edificio y con amigxs alerta de la situación. A veces los propietarios son dialogantes o quieren hacer tratos, en otras ocasiones han sido violentos y han venido con matones para entrar por la fuerza y obreros para derribar partes de la casa. Es muy importante estar preparadx para esta situación. Debes pensar en tu seguridad y la de tus compañerxs y también en cómo resistir en la casa ante la agresión. En Barcelona, algunas okupaciones que tuvieron que enfrentarse a matones consiguieron resistir y continuar con el proyecto adelante.

  • Elaborad un plan sobre qué hacer si vienen matones y que todxs sepan cuál es el riesgo, cuál es la táctica y con qué apoyo contáis. Algunas de las cosas que puedes tener a mano para protegerte de los matones son: barricadas, lista de alarma, cascos y ropa de protección, esprays de defensa, botellas en los balcones para lanzar, palos, protección en los balcones y ventanas por si intentan entrar escalando. Lo primero a hacer si vienen matones es decírselo a todxs en la casa, asegurar las barricadas y llamar a la lista de alarma para que apoyen desde afuera y ayuden a defender el lugar. Si estás dentro de la casa estás en una buena posición para evitar que los matones se acerquen a las entradas. Es importante que hayáis tomado medidas barricando las puertas y ventanas de la azotea. Puedes gritarles la información legal que tienes sobre la situación, ellos están cometiendo un delito y tú puedes denunciarlo. Si entran en el edificio, mantén la distancia. En el momento de un ataque de matones puedes sacarles fotos, anotar sus descripciones, tipo de coche, matrículas. Con esta información puedes hacer carteles sobre los matones, la empresa que les ha pagado y llevar adelante otras acciones, como hacer una protesta afuera de la empresa en cuestión o de los lugares que frecuenta el propietario, para ejercer presión social sobre ellos. Pasa esta información a los colectivos que trabajan contra la violencia inmobiliaria. Puedes denunciar a la inmobiliaria en el juzgado de guardia.

  • No recomendamos llamar a la policía, pero es tu decisión, en ocasiones aprovechan para desalojarte extrajudicialmente pero también conocemos casos en que han protegido de la violencia de los matones. Si tu decisión es llamar a la policía, asegúrate de informar a la gente de apoyo que ha sido avisada, por su protección.
  • Desokupa. Es uno de los grupos de matones más activo, funciona como una “empresa”, ofreciendo sus servicios en internet, anunciándose en diarios y con seguidores en las redes sociales. En el blog stopdesokupa.org  se encuentran los casos documentados de intentos de desalojo por parte de esta “empresa”, información y fotografías de sus miembros y de los propietarios que la contratan, algunos consejos que podéis seguir en caso que recibáis su visita y una recopilación de todo lo que se ha publicado sobre este tema.

Documentos de utilidad