Desalojos

Como en todos los diferentes momentos que rodean la okupación el desalojo también debe prepararse colectivamente. La cuestión se puede desarrollar en diferentes áreas: asesoramiento legal ante el tipo de orden de desalojo y ante las consecuencias de enfrentarse de la manera que se escoja; preparación emocional ante la aparición del despliegue policial; decisiones en torno a lo que se quiere hacer tanto durante el desalojo como después y tanto en el interior de la casa como fuera de la misma. Cada una de ellas comporta y necesita una preparación diferenciada y específica y es preciso que toda persona que esté directamente involucrada en el desalojo sea consciente y tenga conocimiento de todo aquello que se hará y de lo que no se hará.

Sería necesario clarificar primero los dos principales escenarios de desalojo que podemos encontrarnos: aquéllos que son imprevistos, y los que tienen fecha y hora o se hacen efectivos siendo la gente de la casa consciente.

En el primer caso, el margen de acción se reduce de forma considerable, dándose situaciones en las que aún se dormía cuando la policía ya ha entrado, aunque lo más común será darse cuenta de que van a entrar. En el supuesto de que seas tú quien los ha visto, debes ser consciente que quizá eres la única persona que sabe que se está desalojando, te corresponde alertar a lxs otrxs ocupantes. También avisar a alguien que esté en el exterior y que más o menos esté al corriente, que se pueda acercar y ver qué pasa, si se producen detenciones, que haga una rueda de teléfonos para avisar a más gente y convocar una concentración de apoyo delante de la casa. Aunque esto último no evitará el desalojo, sí que podría conseguir que la policía no se exceda o que permita recuperar las pertenencias.

Podemos decir que en la mayor parte de los casos en los que se producen desalojos sin notificación previa la policía se limita a expulsar a la gente del edificio sin demasiados problemas, pero no puede hacerse de esto una regla. La actuación policial puede venir condicionada por el clima que se encuentren dentro de la casa y por las acciones que emprendan las personas que allí viven. Y aunque no se oponga una resistencia, las fuerzas de seguridad siempre pueden inflar los cargos y más todavía si no hay testigos. Aplicar una mínima resistencia siempre puede darte tiempo a que se avise a gente, ésta llegue y pueda dar apoyo y ser un punto de presión y contención para las fuerzas policiales. Algunos de los cargos que podrían imputarnos son resistencia a la autoridad y desobediencia (art. 556 CP), desórdenes públicos (art. 557 CP) o incluso atentado (art. 550 CP). En caso que se escoja una resistencia activa sería necesario un asesoramiento previo sobre cuáles pueden ser las consecuencias penales derivadas de este tipo de acciones y cuáles son las maneras de enfrentarse, así como se hace imprescindible que existan testigos.

El segundo tipo de desalojos son los que se dan por notificación con o sin fecha fija. En estos casos es prioridad, sea cual sea la actitud ante las fuerzas del orden, que se tenga en otro lugar que no sea la casa un listado con todas las personas que participarán o estarán presentes en el momento de desalojo y, en el caso que se espere la presencia de apoyo en el exterior de la casa, que haya una comunicación fluida entre los dos espacios. Así mismo, se hace imprescindible que la gente que pueda participar y asuma las posibles consecuencias que ello pueda tener, tenga muy claro cuáles son estos riesgos, en qué cargos o acciones policiales y judiciales se pueden traducir y cuáles son los mecanismos para enfrentarse a estas situaciones. Esto pasa por tener un asesoramiento legal previo, hablar con la gente de otras casas o centros sociales que se hayan planteado un desalojo de forma similar y ponerse en contacto con cualquiera de los grupos antirrepresivos que haya en el barrio o ciudad. Esto puede dar una visión mucho más amplia, precisa y realista de lo que puede suceder durante y después del desalojo.

En estas circunstancias se hacen necesarias herramientas capaces de asegurar que el mal trago de un desalojo pueda no tener consecuencias indeseables, e incluso dar la vuelta a determinados momentos de tensión. Son cuestiones relativas a la toma de decisiones y a la preparación emocional ante estos momentos. Hay que tener en cuenta que no todas las personas se pueden enfrentar a las mismas situaciones de la misma manera, tomar conciencia de esto y trabajarlo previamente, tantas horas como sea necesario, recurrir por ejemplo a dinámicas y talleres destinados a conocer los miedos y fortalecer la confianza en el grupo, a fin que después no aparezcan sorpresas ni malentendidos. En algunas cuestiones siempre se debe caminar al paso del más lento. Y hacerlo quiere decir discutir y consensuar lo que las personas involucradas en el desalojo pueden hacer, hasta dónde se debe llegar y dónde no (sea cual sea el tipo de presencia que se escoja tener en el desalojo) y tomar las decisiones de tal manera que ninguna de las personas que participa se sienta desvinculada.